sábado, 1 de marzo de 2014

Delirium Tremends

   Son las 2:52, quizás no muy tarde, pero si teniendo en cuenta que anoche sólo dormí cerca de 5 horas... Sumémosle a eso algunos vasos de Cuba Libre y ta-da, tenemos el porque del título de este artículo.
   Y ya que es el alcohol el que argumenta en mi mente hablemos sobre él, ¿Se han puesto a pensar alguna vez en el rol protagónico que tienen las bebidas alcohólicas en las vidas de múltiples personas? Es decir, cuenten con los dedos las personas que conozcan que jamás tomen alcohol, y diganme si con ambas manos (como mucho) no les alcanza para contar a todos (yo sólo conozco a una persona que entre en esa categoría).
   Ahora bien, ¿Qué significa esto? Podría significar muchas cosas, es decir, las causas de un problema pocas veces son fáciles de describir en un análisis tan poco serio como este, pero permítanme que lleve a cabo una pequeña argumentación de esas que nos enorgullece a quienes nos creemos filósofos: ¿No será acaso que necesitamos del alcohol para desentender el mundo, abrazar el desconocimiento, el mareo, la nada y por un segundo perdernos totalmente de la realidad, con el agregado de la inhibición de la vergüenza y el sentimiento de rechazo? En términos más simples, no estaremos pecando la gran mayoría de ser "alcohólicos" (designo en este caso con esta palabra a la persona que necesita de la spirituoza para poder proseguir normalmente con su vida).
   Todos nosotros, todos los que en algún momento necesitamos de una bebida alcohólica para relajarnos, para encajar en el grupo, o para lo que sea, sólo estamos mintiéndonos a nosotros mismos, estamos engañándonos a nosotros y a los demás con imágenes que no somos nosotros (un ejemplo personal, yo en un estado de alcoholismo avanzado soy un bailarín desenfrenado; pero sobrio soy todo lo contrario, no muevo ni siquiera los pies ante el ritmo). Estamos rindiéndonos ante el mundo de las apariencias, estamos teniendo una "existencia inauténtica", hablando en términos heideggarianos. ¿Pero acaso esto es malo?
   ¡Claro que sí! Nos importa menos nuestro verdadero ser que el ser que exponemos al mundo (en este caso sólo estoy tomando el alcoholismo como condición para encajar en sociedad y para evitar a la sociedad, siendo estos los casos más típicos a mi entender). Estamos autodegradándonos al nivel de sombras, abandonando el mundo de lo real, de lo que tiene un cuerpo y una realidad y puede luchar por ella; nos estamos dejando llevar por la corriente, pero sólo los peces muertos son llevados por la corriente.
   ¿Qué hacer? He allí el dilema que por esta noche dejaré inconcluso, quizás por mi propio estado, y quizás aún más porque no hay nada que amemos más quienes nos creemos filósofos que generar dudas en el lector.
   Saludos y perdón por un artículo tan malo...

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